Neurociencias y educación: El arte de enseñar con cerebro
Gracias a la extraordinaria flexibilidad
de sus aprendizajes, nuestra especie logró
salir de su sabana natal para cruzar desiertos, montañas, océanos y, en apenas
varios miles de años, conquistar las islas más remotas, las
grutas más profundas, los hielos marinos más inaccesibles e inhóspitos y hasta
la luna. Desde la conquista del fuego y la fabricación de herramientas hasta la
invención de la agricultura, la navegación (marina, aérea y extraplanetaria) o
la fisión nuclear, la historia de la humanidad no es otra cosa que una
reinvención constante.
La fuente secreta de todos
estos logros es una: la facultad de nuestro cerebro de formular hipótesis y
seleccionarlas para transformar algunas de ellas en conocimientos sólidos
acerca del ambiente.
Nuestra especie
hizo del aprendizaje su especialidad. En el
cerebro, miles de millones de parámetros son libres de adaptarse al medio, la
lengua, la cultura, los padres, la alimentación. Esos parámetros son elegidos
cuidadosamente: dentro del cerebro, la evolución definió, con precisión, qué
circuitos están precableados y cuáles están abiertos al ambiente.
En nuestra especie, la incidencia del
aprendizaje es particularmente vasta, porque la infancia se prolonga muchos
años. Gracias al lenguaje y a las matemáticas, nuestros dispositivos de
aprendizaje tienen la posibilidad de transitar espacios de hipótesis que se
incrementan en una combinatoria potencialmente infinita, aun si se apoyan sobre
bases fijas e invariables, heredadas de la evolución.
Cerebro y emociones.
La educación multiplica las ya
considerables facultades del cerebro, pero ¿podría ser incluso mejor? En la
escuela, la universidad o el trabajo, forzados a adaptarnos cada vez más
rápido, hacemos malabares con nuestros algoritmos cerebrales de aprendizaje.
Sin embargo, ese despliegue espectacular
sucede de modo intuitivo, sin jamás haber aprendido a aprender. Nadie nos
explicó las reglas que hacen que el cerebro memorice y comprenda o, por el
contrario, olvide y se equivoque. Es una pena, porque los
datos abundan.
Saber aprender es uno de los factores más importantes del éxito escolar.
Por suerte, hoy en día sabemos mucho acerca de cómo funciona el aprendizaje. A lo largo de los últimos treinta años, la investigación en las fronteras de la ciencia de la computación, la neurobiología y la psicología cognitiva, permitió comprender los algoritmos que utiliza el cerebro, los circuitos involucrados, los factores que modulan su eficacia y los motivos de su tan excepcional eficiencia en los humanos.
El funcionamiento de la memoria, el papel que desempeña la atención, la importancia del sueño son descubrimientos igualmente ricos en consecuencias para todos nosotros.
Una nueva educación es posible y necesaria. Pero ello requiere ir más allá de lo cognitivo y atender las necesidades sociales, emocionales y físicas de todos los niños y adolescentes. Esta nueva mirada nos la suministra la neuroeducación, un enfoque integrador y transdisciplinar cuyo objetivo es mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje a partir de los conocimientos científicos alrededor del funcionamiento del cerebro. La neuroeducación o neurodidáctica es un campo de actuación muy reciente, en él colaboran tanto educadores como neurocientíficos. En este campo emergente convergen especialidades como la neurociencia, la psicología, la ciencia cognitiva y la educación para mejorar los métodos de enseñanza y los programas escolares.
Neuromitos
En educación hay información que damos por verdadera por haberla oído repetidas veces o por parecernos de sentido común
Los neuromitos son creencias erróneas sobre cómo funciona el cerebro y cuál es su estructura. Esto, aplicado al campo educativo, nos lleva a realizar prácticas que no están probadas y que incluso pueden ser contraproducentes para el proceso de enseñanza-aprendizaje.
¿Utilizamos solo el 10% del cerebro? ¿Usamos más un hemisferio u otro según cómo seamos?
No. Es uno de los neuromitos por excelencia. Pensemos en una actividad como ver una película en el cine. En esa simple situación el sistema visual está activado, todas las redes del sistema auditivo para escuchar también lo están, así como el sistema somático sensorial mientras posamos la mano en el asiento, nuestra memoria está recordándonos los detalles que hemos ido registrando a lo largo de la narración y un largo etcétera. Incluso cuando estamos sin hacer nada estamos utilizando diferentes áreas de nuestro cerebro. Utilizamos el 100% del cerebro. Si no fuera de este modo y no usáramos el 90% del mismo, cuando se ocasiona un daño cerebral no existiría el riesgo de perder habilidades o sufrir consecuencias negativas tras la lesión.
La predominancia de un hemisferio sobre el otro no es una idea correcta. No podemos considerar que una parte del alumnado tiene más desarrollado el hemisferio derecho sobre el izquierdo, o viceversa, ya que esta afirmación no tiene ninguna base científica. La complementariedad de los hemisferios es clave para comprender el proceso de aprendizaje. Cabe aclarar que los hemisferios no están aislados, sino que están conectados entre sí. Contamos con una estructura, llamada cuerpo calloso, que realiza esta función.

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